La Argentina y su estrella
Por Constanza Guglielmi
La sociedad argentina está a la deriva, con un doble comando empecinado en negar la realidad y orientar la nave hacia la crisis permanente, de acuerdo a la consigna setentista del “cuanto peor, mejor”.
El inédito conflicto entre el gobierno y el campo ha cubierto la escena pública en los últimos tres meses, ocultando los dos problemas estructurales que afectan a la mayor cantidad de argentinos: la inseguridad y la inflación.
El problema del campo ha sido ocasionado ex profeso por un gobierno obstinado, impulsado por el odio y el resentimiento contra todo aquéllo que no forme parte del partido de la adulación , ni comulgue con la ideología de la caja. El campo venía bien, creciendo y aportando un 35% de sus ganancias para las arcas del gobierno. Sin embargo, el gobierno no pudo con su genio y salió a someterlo, desarrollando un proceso de destrucción nacional que tiene en vilo a toda la Argentina.
El problema de la inflación, en cambio, lleva -como mínimo- un año de arrastre, lacerando el bolsillo de los argentinos, principalmente de los que menos tienen. Es un problema estructural, alimentado por mecanismos monetarios, desinversión y desconfianza, ante el cual, la respuesta del gobierno ha sido destruir el Indec, presentar otros números y busca controlar la macroeconomía con patotas oficialistas . En síntesis, una respuesta táctica para un problema estratégico o, en buen criollo, la improvisación como regla.
Finalmente, cuando se distiende mínimamente el paroxismo de la lucha entre el doble comando presidencial y el campo, y los medios de comunicación empiezan a virar hacia otros focos de interés, aparece irremediablemente el problema de la inseguridad. La cantidad de terribles casos concretos que afloran en la escena pública nos recuerda tristemente que se trata no sólo de un problema sino también de una tragedia, ya que afecta la fibra más sensible de las personas, arrancando la vida a las víctimas inocentes, destruyendo familias, despojando los frutos del trabajo honrado.
En medio de tanta proliferación de noticias estruendosas, el diario El Día de la ciudad de La Plata, en su edición del 9 de Junio pasado, publicó una información que debiera haber desatado un debate nacional y, sin embargo, ningún dirigente político asumió esa tarea.
De acuerdo a las cifras provenientes de la Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, el delito aumentó en todo el país. En función de la cantidad de denuncias recibidas en los primeros meses, se proyecta para éste año 2008, el número de un millón y medio de denuncias, un 15% más que en los últimos dos años. Si se tiene en cuenta que los delitos denunciados constituyen un 25% de los delitos ocurridos, se infiere que en la Argentina se cometen unos 6 millones de delitos por año.
Frente a esta situación, el gobierno ha optado por la más cómoda de las respuestas, que consiste en omitir el problema, rehuir el debate, y no adoptar ninguna decisión importante.
Todos los delitos son terribles, puesto que dañan y traumatizan a la comunidad. Pero tan terrible como el crecimiento delictivo es la indiferencia y el silencio oficial, lo que impacta “revictimizando a la víctima”, multiplicando el dolor y sembrando de tristeza el horizonte.
A modo de reflexión final
Hemos mencionado tres grandes problemas nacionales. El problema del campo fue inventado por el gobierno. Los problemas de la inflación y la inseguridad, en cambio, son ignorados por el gobierno.
De los tres grandes problemas, la inseguridad es el más grave, por todo lo que está en juego: la vida e integridad de las personas, el derecho a la libertad, el disfrute de la propiedad. La defensa incondicional de estos derechos son parte esencial de la vida de un pueblo. Renunciar a luchar por ellos es morir en vida.
En medio de tanto dolor, hay sólo una cosa que no podrán quitarnos nunca: la esperanza, estrella polar de los pueblos en la lucha por la justicia y la libertad.
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