Los argentinos padecemos una crisis estructural en materia de seguridad pública. Su ajustada comprensión, es la condición de posibilidad para el desarrollo y la construcción de una política superadora.
Durante años, las asignaturas prioritarias de la agenda pública argentina eran los problemas económicos y sociales; en los últimos tiempos, la inseguridad pública ha eclosionado como problema nacional.
La magnitud del daño que la inseguridad genera en el cuerpo social argentino, así como el carácter relativamente reciente de su desborde, han asido por sorpresa a la mayoría de los argentinos, que exige a la clase dirigente tomar cartas en el asunto y avanzar hacia una solución. Lamentablemente, la mediocridad, el oportunismo y la insuficiencia de las respuestas, han instalado a la sociedad argentina en el punto crítico, situado entre el dolor del daño y la esperanza de la reparación.
Así y todo, la principal enseñanza que nos deja la experiencia acumulada en todo este tiempo de lucha- durante el cual hemos padecido las promesas incumplidas de los gobernantes y gozado con el respaldo activo de nuestro pueblo- es que la construcción de una política de Seguridad Ciudadana es una tarea de todos.
Hacia un nuevo proyecto
La seguridad ciudadana es la situación de máximo resguardo y mínima vulnerabilidad de las personas y sus bienes ante los riesgos y las amenazas. La política de seguridad es la que se encarga de construir esa situación, colectivamente anhelada y constitucionalmente garantizada.
El sistema de seguridad está integrado por cuatro pilares básicos, a saber:
- marco legal
- sistema judicial
- fuerzas de seguridad
- sistema penitenciario
La inseguridad pública es producto de la acumulación de deficiencias en cada uno de estos ámbitos, cuyo carácter sistémico está necesariamente estructurado en un ambiente social, que transfiere su condición corrosiva a todo el sistema, del cual emerge la conducta delictiva.
A pesar de la amplitud del problema, una de las respuestas más recurrentes ha consistido en la focalización del esfuerzo público en la represión del delito a través de las fuerzas de seguridad, colocando en éstas últimas la exclusiva responsabilidad de brindar respuesta ante la sociedad.
Si el problema es el emergente de una situación global, las respuestas parciales necesariamente fracasan. De éste modo, ante el fracaso del Estado para garantizar una de sus funciones básicas, se retroalimenta un discurso de signo ideológico represivo, excluyente y racista, que busca movilizar la frustración social para otorgar poderes discrecionales a las fuerzas policiales; así como su contrapunto dialéctico, el abolicionismo, que coloca en el progreso económico- social de largo plazo la única respuesta ante un problema cotidiano.
En cambio, para nosotros, el deterioro de las condiciones de seguridad pública es el resultado de la construcción de respuestas parciales a un problema global.
Es necesario, pues, generar un salto cualitativo para intervenir proactivamente en la construcción de una solución integral al problema de la inseguridad pública, lo que sólo puede hacerse si un Estado eficiente y humano vuelve a ocupar con su presencia el hábitat social, invirtiendo el proceso de desterritorialización delictiva del poder soberano e instaurando un orden de convivencia justa, caracterizado por la igualdad de oportunidades, la distribución equitativa de la riqueza y la calidad de las instituciones cívicas.
La puesta en marcha de una política de ése tipo exige eludir la espectacularidad de las “reformas” en las que son sacrificados “tirios y troyanos” al altar de los medios de comunicación, generando como único efecto la paralización de las instituciones y la frustración de sus integrantes más capaces. Muy por el contrario, la conducción política del Estado debiera apoyarse en los elementos más sanos de las instituciones y reparticiones públicas, para desde ellos y con ellos reorientar el Sistema de Seguridad Pública, hacia la finalidad para la cual ha sido construido, movilizando el apoyo social. Todas las propuestas parciales (reforma del Código y el procedimiento penales; reforma de los tribunales de justicia; transformación y ampliación del sistema penitenciario; construcción de una amplia política orientada a la reinserción social del delincuente; mejoramiento de las instituciones policiales; profundización de los mecanismos de participación y control comunitarios, etc.) encontrarán su orden y función en el marco de un liderazgo político de ésa naturaleza.
Más y mejor política
La esfera de la Seguridad Ciudadana es amplia y multifacética, por lo que exige una mirada integradora, que abarque la totalidad de los aspectos y cuestiones en juego y establezca las bases para construir la solución. Pero lo amplio y múltiple no es disperso e inconexo. Por el contrario, el centro del radio del que emana la esfera de la Seguridad Ciudadana es el liderazgo político, forzosamente personal, responsable y decisionista.
Por ello el núcleo teórico del concepto de Política Integral en Seguridad Ciudadana se sostiene polémicamente contra los conceptos generales, las verdades de Perogrullo, y las respuestas fáciles y mesiánicas, inspirando la construcción de soluciones racionales a los problemas concretos.
Un Concepto de ésa naturaleza asume la responsabilidad y el riesgo de lo político, sólo que de una política distinta, que integra a la firmeza y la humanidad como sustancia de las decisiones. Una política a la que le caben las palabras de Václav HAVEL, pronunciadas hace más de veinte años:
“Soy partidario de una `política antipolítica´. Es decir, de una política que no equivalga a la manipulación del poder o a un arte de intrigas, sino de la política como una de las formas de buscar y de conquistar el sentido de la vida. Como protegerlo y cómo servirle. Una política como moralidad practicada. Como un servicio a la verdad.
Si, la `política antipolítica` es posible. La política `desde abajo`. La política del hombre y no del aparato. La política creciente desde el corazón y no desde el dogma. No es casual que esta experiencia prometedora la tengamos que hacer justo aquí, en este escollo lóbrego. Durante èl gobierno del día` hay que bajar hasta el fondo mismo del pozo para ver las estrellas” |